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ESCUELA EN LA ESQUINA DE LA CALLE - ACCRA, GHANA Algunas asociaciones adoptan métodos diferentes a los descritos anteriormente. Valga como ejemplo la Catholic Association for Street children (CAS), creada por unos Padres Blancos de Accra en Ghana en 1993. En ocasión de la conmemoración del décimo aniversario desde la creación de la asociación, la CAS ha hecho un análisis profundo de su actividad y ha decidido una nueva orientación. También ha organizado un encuentro entre varios representantes de diferentes países del Oeste africano para reflexionar juntos sobre la creación de una red. Los extractos que siguen a continuación provienen de varias comunicaciones que hemos recibido a lo largo de un año.
Presentación
En Accra, los niños de la calle tienen una media de edad de 15 años y medio. Por cada niña, hay tres chicos. La mayoría de ellos tienen un pequeño trabajo que les permite ganar un poco de dinero para poder sobrevivir, los menores no esnifan cola, no han sido soldados, no tienen el sida. Viven en la calle bajo la protección de otros menores o de adultos de su propia tribu. A veces, visitan a sus familias en el pueblo. (...)
Estos cambios nos llevaron a modificar nuestras áreas de acción
concentrándonos en los barrios donde viven muchos menores. A finales
del año 2000, los trabajadores sociales determinaron los lugares (que
pueden cambiar de mes en mes) donde su trabajo sería lo más
útil posible. Se crearon unos mini-refugios o puntos de encuentro para
que los menores tuvieran un lugar donde encontrar a los trabajadores sociales.
Aquí empieza la enseñanza de la calle. Aquí podemos tomar
contacto con los menores, facilitarles conocimientos básicos sobre
higiene y salud, el comportamiento en general y un poco de inglés y
de matemáticas. A la hora de empezar a trabajar con estos chicos, es importante aceptarlos
tal y como son y donde están. El dinero solo no puede solucionar sus
problemas, es el amor que vosotros les podéis dar que les ayudará.
No hay que olvidar nunca que son tan solo niños. No podemos darles
una solución prefabricada. Esta es la razón por que el trabajo
de la CAS es siempre experimental. No hay actividades permanentes.
Estudiamos, definimos un proyecto y luego empieza una fase de prueba. Esta
manera de trabajar a menudo confunde a los donantes. Estos últimos
piden un programa preciso con un presupuesto fijo. Nosotros, en cambio, siempre
estamos dispuestos a adaptar la idea originaria a la situación presente. La escuela en la calle
La idea de educar a los menores en la misma calle surgió hace unos años. Para hacer un buen trabajo, hace falta definir un método común para todos los educadores, por que si cada uno utilizara sus propios criterios, los niños estarían confundidos y no recibirían informaciones coherentes. Así que hemos organizado un programa de "enseñanza" compuesto de dos áreas (por un lado higiene y salud, por la otra la alfabetización y el comportamiento) que puede ser utilizado por todos los educadores prescindiendo de su formación o su posición en la CAS. (...) Nuestro método consiste en despertar curiosidad, facilitar conocimientos, modificar comportamientos. Nos concentramos en el comportamiento de los niños de la calle y en la formación de los educadores. Estos no tienen la formación de un maestro o profesor, pero, en cambio, deben conocer la vida en la calle y las problemáticas de salud que provoca. También deben tener un gran don pedagógico para poder transmitir los conocimientos y poder facilitar un cambio de actitud en los menores. El trabajo en la calle
Los lugares donde los niños viven o trabajan cambian a menudo. Los doce trabajadores sociales de la CAS conocen muy bien las calles, contactan con los menores, intentan ganar su confianza, escucharles, darles consejos y prestar ayuda. También hacen intervenciones en los adultos del sector donde viven los menores. Conocen a los responsables de cada sector donde viven las diferentes etnias. Cuatro mini-refugios instalados en las tiendas alquiladas por la CAS proponen a los niños y niñas actividades cerca de los lugares donde viven o trabajan. Es donde encuentran a los trabajadores sociales, juegan o siguen los cursos de alfabetización y de higiene. Se deben cumplir dos condiciones esenciales para poder conseguir implantar una escuela en la esquina de la calle : encontrar un lugar donde los menores ya se reúnen y organizar las clases fuera del horario de trabajo de los menores. Dado que los menores están en continuo movimiento, resulta muy difícil seguir un programa establecido, dado que el grupo nunca está constituido por los mismos alumnos. El refugio
En el refugio hay un dispensario mantenido gracias al Ejército de Salvación. Si hay que seguir un tratamiento, se hace un seguimiento individual de cada menor para evitar que pierda o venda sus medicamentos. En el refugio reciben también clases de "educación". Dado que dependen de ellos mismos, no siguen ninguna norma de higiene y se alimentan muy mal. Su trabajo es sucio y peligroso. Duermen en lugares miserables y expuestos al abuso sexual. Su estado de salud está constantemente "a riesgo". Hay que concienciarlos acerca de los peligros que corren y hay que darles indicaciones prácticas. Las clases duran treinta minutos, visto que más allá los menores pierden la concentración. El primer cuarto de hora los niños y niñas discuten el problema que está a la orden del día y las soluciones posibles. El educador dedica el resto de la clase a explicar en términos sencillos las consecuencias de un comportamiento malsano. Pero también hay que entender, que los menores prefieren gastar más dinero en la alimentación que en productos de limpieza corporal. El Centro Hopeland
La CAS se rige por el principio que tiene que ser el menor que decida si quiere estudiar o no. Pero no es suficiente que un menor diga, "Quiero dejar la calle", tiene que prepararse para ello. Muchos de ellos no saben qué oficio les gustaría y no están dispuestos a sacrificar su libertad. Hay que prepararles. La preparación será diferente para cada uno. Algunos están preparados en un año, otros lo intentan y lo dejan para luego poder volver más tarde. Si el equipo de educadores estima que el menor aún no está listo, le proponen de ir a vivir a la granja de Hopeland donde los educadores pueden seguirle más de cerca. Es un gran paso para estos chicos. No solo dejan la calle, si no también la ciudad. El centro acoge a menores que han dejado la calle y que quieren aprender un oficio. 20 chicos y 20 chicas pueden quedarse en el centro entre seis y nueve meses. Se ocupan de las gallinas, de los cerdos, conejos y patos, siguen cursos de cerámica y de fabricación de velas, así como cursos de alfabetización y de higiene. En este período tienen que demostrar su capacidad de adaptación a este cambio de estilo de vida y su interés por lo que aprenden (alfabetización y trabajos prácticos). Este período concede al menor un tiempo de reflexión antes de tomar una decisión y le permite acostumbrarse a su nueva vida. También le permite al equipo de educadores conocerle y guiarle mejor. En esta fase, se exige un seguimiento social más intenso por parte de los trabajadores sociales, con la ayuda de los otros miembros del equipo. Se encontrarán con las familias y les pedirán su autorización de seguir con su programa. Estas visitas pueden resultar una mejora de las relaciones del menor con su familia. Puede que la familia acepte hasta participar en los costes del colegio o del alojamiento. ![]() Los menores son independientes : compran sus alimentos, cocinan y lavan su ropa. Duermen en dormitorios y ya no vagan por la calle. No todos los menores que van al Centro Hopeland acabarán estudiando. Algunos de ellos no irán ni a la escuela ni al taller, volviendo al refugio principal para tener más tiempo para preparase. El trabajo con los menores ha enseñado a la CAS que necesitan estar bien preparados, y que la alfabetización impartida en el refugio y en la granja es muy importante. Las becas
Las becas han sido introducidas en nuestro programa en 1994 para suplir
a la gran demanda por parte de los niños. Muchos de ellos querían
dejar la calle para aprender un oficio útil para su futuro. Las becas se conceden para un plazo medio de tres años, a prescindir de la formación elegida. Los menores tienen entre 14 y 16 años cuando deciden dejar la calle. La única opción que les resta es aprender un oficio. En los últimos siete años este fue el caso de un 80%. Un buen aprendizaje dura varios años y comprende muchos trabajos prácticos. Una vez finalizados los estudios, el menor recibe un diploma, lo que le permite encontrar un trabajo. Este programa de apadrinamiento lleva funcionando siete años y desde 1995, 480 menores han sido beneficiados. La CAS puede apadrinar 250 niños a la vez, pero lamentablemente, la falta de fondos suficientes para un refuerzo escolar ha obligado a algunos niños y niñas dejar el curso sin acabarlo. (...) La escolarización
¿ Por que la CAS no tiene estructuras propias para la enseñanza ? Esto es debido a varios factores : Los menores no reciben sus clases en el refugio, sino se mandan a otros centros. Son como máximo 4 o 5 niños o niñas para cada colegio o taller, para evitar que vuelvan a formar un grupo que pueda ser tratado diferentemente por los alumnos o los profesores. Nuestra red comprende actualmente 109 talleres y 65 escuelas. Los menores viven en pensionados o hoteles. Algunos de ellos tienen su propio alojamiento. Cada menor es seguido por un monitor. Los monitores les visitan al menos una vez al mes, les animan y les ayudan a resolver sus problemas logísticos u económicos. Algunos chicos van a visitar a su familia y luego no vuelven en el tiempo establecido. De todas formas, la mayoría de ellos frecuentan los cursos con normalidad como todos los otros alumnos y no vuelven a la calle. Es importante que durante los estudios que el menor reflexione con su educador que desea hacer en el futuro, de que es capaz y que es realizable. También es importante cuidar que el menor tenga contactos con su familia. (...) El CAS cubre los gastos del comedor, del transporte escolar, el alojamiento y los cuidados médicos. El menor también puede cooperar, pagando él mismo el material escolar con parte del dinero ganado durante las vacaciones, pagando el viaje para ir a visitar a su familia, informando al CAS acerca de la evolución de las clases, ayudando al equipo del CAS en los refugios, cooperando con su educador y su profesor. Algunos van a la escuela materna, otros a la primaria, secundaria, escuelas técnicas, a escuelas profesionales o hasta a la universidad. Los aprendices
Los aprendices dejan la calle y les ayudamos encontrar un internado o una habitación cerca de su colegio. Un educador se asegura de que estén bien atendidos y equipados. Reciben una ayuda económica para la comida, un poco de dinero para ellos mismos y cuidados médicos gratuitos. Esta ayuda constituye la mitad de los costes de la beca. También reciben una caja de herramientas al final de su formación. Hemos incluido este coste dentro del aprendizaje para incitar a los menores de crear su propia empresa o a encontrar un empleo. Es muy importante que los menores consigan un diploma que les permitirá encontrar empleo. Cuando sea posible, el menor sigue también un curso de inglés, por que sin el conocimiento de este idioma las posibilidades de encontrar trabajo son menos. (...) El seguimiento
Un miembro del equipo controla y apoya al menor durante la formación.
Le visita al menos una vez al mes en su centro escolar para verificar el desarrollo
de la formación y su capacidad de adaptación. Habla tanto con
el responsable del centro como con el menor. Un coordinador ayuda a estos
controladores, dado que su tarea es muy difícil. El año que
viene intentaremos mejorar este trabajo para que los menores se beneficien
durante más tiempo del apoyo de un trabajador social de la CAS.
También buscaremos formas de mejorar la preparación. La elección de un oficio
Los niños de la calle no saben qué oficio elegir. La CAS ha creado cursos de preparación a oficios diferentes para evitar decepciones y para acostumbrarles a permanecer en el mismo lugar durante toda la jornada en vez de vagar por la ciudad. Se les explica en qué consiste cada trabajo antes de dejarles empezar a tejer, trabajar la madera, fabricar velas o hacer cerámicas. Algunos monitores son antiguos niños de la calle, tienen buenas relaciones con los menores pero no son pedagogos, lo que puede conllevar problemas. Hay que conseguir que trabajen con los profesores. Los productos fabricados por los niños son vendidos en tiendas de la CAS, en hoteles o son utilizados para sensibilizar a la opinión pública del problema de los menores que viven en la calle. Con este mismo objetivo también se distribuyen folletos informativos. La inserción en la vida activa
Una vez finalizados los estudios, la CAS concede una modesta ayuda económica a los menores para poder instalarse o les ayuda a encontrar trabajo. Pero los menores primero deben intentar conseguir empleo con sus propios esfuerzos.
Resúmen
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